martes, 22 de mayo de 2007

La Iglesia en el Ejercito

Aliada del poder:La Iglesia en el EjércitoEdgar González Ruiz
Con la bandera de la “libertad religiosa”, la derecha mexicana pretende legalizar la influencia del clero en el ejército, que oficiosamente existe desde hace tiempo, aunque las leyes del país, a diferencia de las de casi todas las demás naciones de América Latina, no admiten esa injerencia clerical.
Como enseña la experiencia de otros países del Continente, la presencia institucional del clero en el ejército busca la promoción de la ideología conservadora del Vaticano, así como el apoyo a las fuerzas derechistas.En México, la posibilidad de legalizar la injerencia del clero en el ejército se da en un contexto donde el ejército, lejos de servir al pueblo y proteger la soberanía nacional, se ha convertido en sostén de un gobierno tiránico, espurio y apátrida, que con el pretexto de combatir al narcotráfico las está usando para sofocar la inconformidad popular ante el fraude electoral y la implantación de políticas contrarias al bienestar de las mayorías, para beneficio de los grandes intereses económicos, sobre todo extranjeros.
Mediante su presencia en las filas militares, la jerarquía católica ha puesto su autoridad moral al servicio de la tiranía legitimando la lucha del ejército contra la democracia y los intereses populares.
Escalada pontificia
Al enfrentarse cotidianamente a la muerte y a situaciones extremas, muchos soldados suelen recurrir a creencias religiosas, lo que ha favorecido intervención oficial y privilegiada del clero católico en las filas del ejército, en particular bajo la figura de los prelados militares, que a nivel de obispados ha impulsado particularmente el actual pontífice así como su predecesor, Juan Pablo II.En la Constitución Apostólica Spirituali Militum Curae, sobre la asistencia espiritual a los militares, emitida en 1986, Juan Pablo II justificaba la acción de la jerarquía en las fuerzas armadas, alegando que su finalidad era contribuir a la preservación de la paz.Leemos en Spirituali Militium Curae que quienes forman parte de las Fuerzas Armadas deben considerarse “como instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos”, pues “desempeñando bien esta función contribuyen realmente a estabilizar la paz”.
Estas palabras son falsas hoy más que nunca, cuando se promueven guerras internacionales y sangrientas represiones con el único propósito real de defender intereses económicos, que generalmente van de la mano con proyectos político religiosos de corte conservador.
En su agresión contra Irak, por ejemplo, Estados Unidos ha forzado la intervención de los ejércitos de varios países en un injusto conflicto contra una nación que es botín de empresas por sus importantes recursos petroleros.Asimismo, los ejércitos de Colombia y de México, entre otros países de AL, sirven claramente a las estrategias geopolíticas dictadas por el poder estadounidense.
El mencionado documento pontificio establece que la intervención clerical en el ejército responderá a una estructura de “ordinariatos militares”, o castrenses, cuyos titulares tendrán el rasgo de obispos y como tales serán nombrados por el Papa.
Pertenecen al respectivo Ordenariato Militar y están bajo su jurisdicción: 1° Todos los fieles que son militares y los empleados civiles que sirven a las Fuerzas Armadas, con tal que se consideren así a tenor de las leyes civiles dadas para ellos;
2° Todos los miembros de sus familias, es decir, esposos e hijos, incluidos aquellos que, emancipados, vivan en la misma casa; así como los parientes y los empleados domésticos que así mismo vivan en la misma casa;
3° Los que frecuentan centros militares y los que se encuentran en hospitales militares, residencias de ancianos o lugares semejantes o prestan servicio en ellos;
4° Todos los fieles de uno y otro sexo, pertenecientes o no a algún instituto religioso que ejercen un oficio permanente confiado por el Ordinario militar o con su consentimiento. (Spirituali Militium Curae).A partir de ese documento, la Conferencia Episcopal Mexicana, la CEM, se planteó la posibilidad de crear en México un ordinariato castrense. Pero el Vaticano consideró que, al menos "en sentido estricto", era prematuro hacerlo, debido a que las leyes mexicanas no eran aún propicias.Bernardin Gantin, responsable de la Sagrada Congregación para los Obispos, de la Santa Sede, envió a Prigione una carta, en 1990, en la cual le hizo saber esta determinación.
Dice textualmente: “Esta Congregación considera que debe estudiarse seriamente el problema del cuidado espiritual de los militares de esa Nación. Aun cuando es prematuro pensar en la erección de un Ordinariato Castrense en sentido estricto, parece necesario hacer todo lo posible a fin de que sea asegurada una asistencia espiritual más capilar y continua a los feligreses que militan en las Fuerzas Armadas”.
“La idea de nombrar un obispo auxiliar de una gran ciudad, que no resida demasiado en la periferia del país, con el encargo exclusivo de organizar y coordinar la pastoral castrense, podría ser tomada en atenta consideración y podría también constituir una válida premisa para llegar, en tiempos sucesivos y más propicios, a una estructura jurídicamente más consistente”.
“Pido, por consiguiente, a Vuestra Excelencia sea tan amable de proponer a la presidencia de la CEM, que el tema sea puesto a la orden del día de la próxima asamblea plenaria, de manera que pueda ser discutido en una óptica exclusivamente pastoral y sin prejuicios” (Proceso, 1051, 21 de diciembre de 1996).

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